Se terminó el gobierno de Gustavo Petro. Desde su llegada, el saliente presidente propuso un manejo de la economía que, aunque en el principio de su administración fue más ortodoxo, mostró desde el principio que las prioridades y los objetivos eran distintos y, desde la perspectiva de algunos sectores, nocivos para el buen desempeño de la economía.
Petro se posesionó en un contexto en el que la economía colombiana venía apenas recuperándose de los estragos de la pandemia del COVID-19. La inflación fue uno de los indicadores económicos en los que más impacto dejó la crisis sanitaria, por eso, cuando inició su mandato, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) venía creciendo a niveles cercanos al 13%, muy por encima de los que había logrado el país en la década pasada.
Aunque en este Gobierno, la inflación descendió significativamente, gracias al esfuerzo del Banco de la República, esa tendencia cambió a comienzos de este año, cuando, habiendo llegado a alrededor del 5% (y con la expectativa de que pudiera llegar pronto al 3%), empezó a subir nuevamente y, ya para junio de este año, había llegado al 6,14%, más de un punto por encima de la de junio de 2025 (4,82%).
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El presidente insistió, en los últimos meses, en atribuir la subida de la inflación a las alzas de las tasas de interés, pero, los analistas y el propio Banco de la República señalaron que el aumento del 23% en el salario mínimo para 2026 fue el que generó esa situación.
Caída del desempleo
El empleo fue otra de las víctimas de la pandemia. La desocupación había estado en Colombia, por lo menos en las últimas décadas, por encima del 10%. Para los últimos gobiernos había sido muy difícil llevarlo a cifras de un dígito y se había logrado muy esporádicamente.
Cuando se posesionó Gustavo Petro, en agosto de 2022, la tasa de desempleo era de 11,0 %, cifra que ya significaba una reducción después de que llegó a niveles del 20% durante el coronavirus.
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Uno de los logros en materia económica del mandatario saliente es que pudo llevar la cifra de desempleo a niveles por debajo del 10% y no de manera esporádica, sino relativamente estable, al punto de que, una semana antes de acabar su mandato, el indicador llegó al 8%.
“Recibimos, del entonces ministro de Hacienda y hoy vicepresidente, una desocupación de 11,3% y la entregamos en 8,0%. El primer gobierno progresista y de izquierda puede decir que sus políticas le dejan hoy a Colombia la tasa de desocupación más baja para un mes de junio en años”, señaló el saliente ministro de Trabajo, Antonio Sanguino.
A pesar de este buen resultado, sectores económicos han advertido que puede ocultar una realidad no tan positiva, pues buena parte del empleo generado en este Gobierno tuvo relación con actividades públicas, que por definición implican un mayor costo fiscal. En la medida en que estos recursos se agoten o sea necesario reducir el déficit, como ya se le ha advertido al Gobierno, buena parte de este empleo podría perderse.
“Aunque los datos del mercado laboral son positivos, tenemos la preocupación sobre qué pasará en los próximos meses, cuando se terminen los contratos del empleo relacionado al Estado. Asimismo, reiteramos nuestra preocupación en la divergencia que existe entre los datos de formalidad de la PILA (Planilla Integrada de Liquidación de Aportes) y los reportados por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística)”, enfatizó el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master.
Por su parte, el profesor del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, Iván Camilo Jiménez, enfatizó que el decrecimiento del desempleo y la pobreza en el país obedece tanto a inversiones del Gobierno, como a un comportamiento natural de un país en crecimiento.
Jiménez aseguró que el cierre de brechas ha sido una medida determinante para que estos indicadores arrojen buenos resultados durante el gobierno de Gustavo Petro.
“También es de destacar que desde tiempo atrás el Estado viene haciendo inversiones en proyectos productivos de diferentes sectores que pueden haber fortalecido la reducción de brechas, como de infraestructura, mejora de emprendimientos agrícolas, entre otros”, añadió el profesor.
¿Por qué la baja del dólar en el trayecto final?
Por la manera como era percibido por "los mercados" el presidente Petro al comenzar su mandato, una de las mayores alertas sobre las que se insistía cuando se posesionó era que el dólar iba a llegar, por lo menos, a $5.000.
Cuando Petro recibió el cargo, la moneda estadounidense se cotizaba en $4.330, y, en efecto, el dólar alcanzó los $5.000 en noviembre de 2022, pero luego empezó a bajar hasta niveles de $4.000 y $4.200, hasta el último año en el que tuvo una caída muy significativa, que hoy lo tiene alrededor de los $3.100, niveles que no se daban desde 2019.
La conclusión, sobre el tema, acerca del cual hubo un gran debate en el comienzo de este mandato, es que las variables económicas internacionales, especialmente la tasa de interés, influyen más en el precio del dólar en Colombia que las decisiones del Banco de la República o del Gobierno.
Para el profesor de la Universidad Javeriana, Ivan Camilo Jiménez, existen tres razones principales que han contribuido en gran medida a la reducción del valor de la moneda estadounidense: la percepción de los mercados frente al cambio del Gobierno, la percepción sobre el uso de las tasas de interés y la inestabilidad política que vive el país norteamericano.
“Sobre la baja inciden muchos factores, diría que son tres principalmente: una percepción positiva de los mercados frente al cambio de gobierno, una percepción positiva de las tasas de interés y de la inversión en el país y que el dólar está cayendo de forma general a nivel internacional por las políticas arancelarias del gobierno Trump y por la inestabilidad política que pareciera que hay en Estados Unidos”, enfatizó Jiménez.
Ahora, con el dólar bajo, la preocupación es para los sectores exportadores que han visto reducidos muy considerablemente sus ingresos en el último año.
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Deuda pública
La deuda pública sí que es una de las preocupaciones que le deja Gustavo Petro al presidente Abelardo de la Espriella, que asume hoy. Según las cifras analizadas por el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) con corte a junio, la deuda del Gobierno nacional alcanzó un nivel equivalente al 60,5% del Producto Interno Bruto (PIB).
Según las cifras presentadas por la organización, desde agosto de 2022, el saldo de la deuda del Gobierno Nacional Central aumentó en $363 billones y alcanzó los $1.167 billones en junio de 2026.
El Gobierno se defiende diciendo que logró bajar la deuda externa del 41,8% de 2022, a 24,1% y que la deuda neta, como porcentaje del PIB es mucho menor de lo que dice el Comité de la Regla Fiscal, pero la Contraloría ha advertido, incluso transfiriendo sus hallazgos a la Procuraduría, que muchos de las operaciones hechas por el gobierno han tenido un serio impacto fiscal.
Probablemente solo después de la posesión de la Espriella se podrá conocer realmente cuál es el estado actual de las finanzas públicas del país.
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