Para miles de familias colombianas, pagar la universidad de un hijo se ha vuelto un ejercicio de malabarismo financiero. Una carrera en una institución privada puede costar más de $60 millones.
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el valor de las matrículas subió 4,96% en 2025, un incremento que llega justo cuando muchos hogares también ajustan otros gastos.
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La preocupación no es menor. Datos del Ministerio de Educación muestran que la deserción universitaria en el país oscila entre el 8% y el 9% anual, lo que se traduce en que solo 43 de cada 100 estudiantes terminan su carrera.
Detrás de esas cifras hay, sobre todo, una razón económica: el desempleo, una enfermedad o cualquier tropiezo financiero en casa puede bastar para truncar el proceso.
El impacto trasciende lo individual: para el país representa pérdidas de al menos $2,8 billones al año, según el Laboratorio de Economía para la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana.
Alternativas para los hogares
Cada vez más familias buscan alternativas que les permitan ahorrar sin quedar completamente expuestas a los vaivenes económicos del hogar. Es allí donde herramientas como el Seguro Educativo han cobrado relevancia: un esquema de ahorro programado con renta garantizada que, a diferencia de otros mecanismos, no depende únicamente de que los ingresos familiares se mantengan estables durante todos los años de estudio.
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“Las familias están entendiendo que la educación superior de sus hijos no se puede dejar al azar de que todo salga bien en casa. Anticiparse financieramente, no solo ahorrar, sino protegerse ante lo inesperado, es hoy una decisión estratégica, tan importante como elegir la carrera o la universidad. Ese cambio de mentalidad es el que estamos acompañando desde Mapfre”, indicó el vicepresidente comercial de la aseguradora, Juan Pablo Henao.
Henao explicó que la diferencia frente a un Certificado de Depósito a Término (CDT), un fondo de inversión o un ahorro tradicional está en lo que ocurre cuando las cosas no salen como se planearon.
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Aseguró que estas alternativas permiten construir un capital, pero un Seguro Educativo suma algo adicional: protección para que el proyecto de educación de los hijos pueda seguir adelante incluso si la familia enfrenta una situación inesperada.
“En otras palabras, no se trata solo de ahorrar para la universidad, sino de proteger ese objetivo para que un imprevisto no cambie los planes”, apuntó.
Con el segundo semestre académico a la vuelta de la esquina, revisar la salud financiera del hogar y explorar herramientas que combinen ahorro y protección se perfila como uno de los ejercicios más urgentes para las familias colombianas.
Al final, se trata de que un imprevisto económico no sea lo que decida si un hijo puede o no terminar su carrera.
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