La pequeña venta de cerveza que durante los últimos cuatro años fue el sustento de Francisney Mercedes Escobar Soto también era el lugar donde ofrecía servicios de estilismo y realizaba transferencias de dinero. Ese mismo sitio terminó convirtiéndose en el escenario donde la mujer, de 37 años, encontró la muerte.
La venezolana era oriunda de Sanare, en el estado Lara, y había llegado a Cúcuta hace siete años, poco antes de la pandemia. Arrendó uno de los locales ubicados en la entrada de un alojamiento, en la calle 5 con avenida 7 del sector El Callejón, a pocos metros del Terminal de Transportes. Allí se ganó el cariño de los demás comerciantes y de las recepcionistas de la posada.
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“Era muy servicial. Aquí llegan muchos mineros y la buscaban para que les hiciera las transferencias de dinero a sus familias. También les arreglaba las uñas a quienes sabían que tenía experiencia en peluquería. Con decirte que tenía más clientes hombres que mujeres”, expresó a La Opinión una de sus allegadas.
Su pareja aún permanecía en estado de shock, ayer, por el asesinato de la mujer con la que compartió los últimos cuatro años. Contó que Francis, como todos la llamaban, deja una hija de 9 años, a quien, hasta el mediodía de este domingo, todavía no le había contado sobre el trágico final de su madre.
“Tengo engañada a la niña. Ahorita está bajo el cuidado de una señora que, aunque no es familia, es como si lo fuera, porque la recibió cuando ella se vino de Venezuela”, manifestó el doliente, quien esperaba la llegada de la madre de Escobar y de otros familiares desde el vecino país para que fueran ellos quienes le contaran la verdad a la pequeña.
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También recordó que a Francis le apasionaba ser manicurista, pero que “se le dio la oportunidad de vender una que otra cervecita” para obtener un ingreso adicional. Aseguró que nunca tuvo problemas con nadie, que disfrutaba ir al gimnasio y que era una madre completamente dedicada a su hija.
¿Videollamada del autor intelectual?
De acuerdo con los relatos recopilados por La Opinión, el asesino llegó caminando, ingresó por el pasillo hasta el local de Francisney y pidió una gaseosa. Aunque llevaba una pasamontañas, parte de su rostro quedaba descubierto.
Mientras le entregaban la bebida, presuntamente el delincuente mantenía activada una videollamada desde su celular con quien sería el autor intelectual del crimen.
“Dicen que él salió con su celular en la mano, se paró aquí afuera y luego entró a dispararle. Una hora antes yo había estado hablando con ella y me fui a cortarme el cabello. Estaba a la vuelta cuando escuché los tiros. Me vine para ver qué había pasado y encontré esa escena. La ayudé a cargar para llevarla a un centro médico, pero murió en la calle”, relató un amigo.
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El pistolero huyó caminando en dirección al terminal, mientras los gritos de auxilio se apoderaban del lugar. Aunque la víctima fue trasladada en un taxi a la Unidad Básica de Atención (UBA) Loma de Bolívar, llegó sin signos vitales, pues recibió entre cuatro y seis disparos que comprometieron órganos vitales.

En el momento del ataque, una mujer embarazada que se encontraba junto a ella resultó ilesa y posteriormente ayudó a socorrerla. Tanto su compañero sentimental como sus allegados afirmaron desconocer si Francis había recibido amenazas.
“Esa zona es muy difícil. Uno no se busca los problemas, pero los problemas le pueden llegar. Dejo eso en manos de Dios para que él haga justicia, porque ella no era una mujer que se la pasara en la calle”, recalcó su pareja.
En el lugar del crimen hay una cámara de seguridad que registró la actuación del sicario. Las imágenes ya están en poder de la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) de la Policía, que adelanta las labores para esclarecer el homicidio e identificar y capturar a los responsables.
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