Cuando apenas está por arrancar en su periodo ordinario de sesiones, el Congreso de la República 2026-2030 ya está dando de qué hablar y todo por cuenta de una coalición de gobierno que para este caso no se ha conformado tan fácil como en ocasiones anteriores y mucho menos más fuerte.
Mirando hacia el pasado reciente la que tendrá Abelardo De La Espriella, será una de las coaliciones menos fuertes de los últimos cuatrienios. Por ejemplo, hace cuatro años Gustavo Petro sorprendió a propios y extraños porque logró conformar una alianza con partidos tradicionalmente opuestos a la izquierda como el Conservador, La U e incluso el Partido Liberal, que ideológicamente se acercó desde la propia campaña al líder del progresismo. Su oposición recayó en el Centro Democrático y Cambio Radical, que en conjunto no llegaron a ser más del 20% del Congreso.
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En 2018 Iván Duque también tuvo una coalición de gobierno fuerte, en la que estuvieron, entre otros, el uribismo, conservatismo, La U, Cambio Radical y un amplio sector del liberalismo, teniendo como oposición al naciente progresismo en cabeza de Gustavo Petro, quien en virtud del estatuto de la oposición estuvo como senador los cuatro años.
Juan Manuel Santos, gracias al proceso de paz con las Farc, logró que la mayoría del Congreso lo apoyara, en especial en el segundo gobierno, aunque tuvo en el Centro Democrático su principal crítico desde el legislativo. Una tendencia similar pasó con los gobiernos de Álvaro Uribe, quien estuvo también con la mayoría de los partidos de derecha, con excepción del liberalismo y de los sectores de la izquierda que para la época estaban en el Polo Democrático, los verdes y los indígenas.
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Sin embargo, la coalición de ADLE tiene unos matices diferentes a las anteriores. De entrada encontró un bloque de oposición mucho más grande que en los cuatrienios pasados. Por ejemplo en el Senado serán al menos 38 senadores (Pacto Histórico, Alianza Verde, indígenas y su contrincante en las elecciones Iván Cepeda), lo que significa que al menos el 35% de la corporación le es contraria. En la Cámara, en donde son más congresistas, la proporción será parecida, es decir el gobierno tendrá máximo unos 110, esto allí además del Pacto Histórico, los verdes, estará la mayoría de los representantes de la curules de paz.
En cuanto a los partidos que estarán en la coalición, el grupo lo encabeza Salvación Nacional, con el que se inscribió ADLE y que tendrá cuatro senadores y cuatro representantes. A la mismo se sumó el Partido Conservador, que para estos cuatro años será una bancada más debilitada frente a congresos pasados, pero que desde ya empezó a mostrar que le será clave al nuevo mandatario, quien aceptó que el presidente entrante de la Cámara sea Nicolás Barguil, uno de los congresistas que estuvo muy cercano al presidente Gustavo Petro.
También estará el Partido de La U, bancada que siempre se ha caracterizado por estar cerca del gobierno de turno como sucedió en este cuatrienio de la izquierda pese a que ellos de clara tendencia de derecha. Incluso La U estuvo en estos días en dura puja con el Centro Democrático por la presidencia del Senado.
Se suman a la coalición Cambio Radical, partido que fue el primero que cantó desde la misma campaña presidencia que se iba con De La Espriella, un sector de la Alianza Verde, los cristianos de Mira.
Pero, sin duda el bloque más fuerte de coalición será el Centro Democrático que, tanto en el Senado como en la Cámara, es el segundo partido más fuerte. Y es acá en donde la particularidad de esta coalición tiene sus matices, por cuanto durante esta semana ha casado una fuerte pelea por ganar la presidencia del Senado para Honorio Henríquez, por considerar que son el partido mayoritario de la coalición como también durante el gobierno de Gustavo Petro fueron desde el inicio los más claros opositores. Esta puja ha llevado a que el distanciamiento entre ADLE y el expresidente Álvaro Uribe se haya profundizado por las mismas razones de ser coherentes por haber enfrentado al gobierno de Petro.
Es por eso que, sin que arranque de lleno la coalición de gobierno, lo cual pasará desde el 7 de agosto, la misma ya tiene una herida que dejará una cicatriz que podrá marcar de lleno a la misma. Si el uribismo insiste en que tiene derecho a ser los primeros presidentes en el Senado, no se descarta que pueda llegar a hacer una coalición transitoria incluso con el propio petrismo para escoger al presidente del Senado.
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Aunque esa opción sería lejana por cuanto el nombre de Alfredo De Luque ya se consolidó en la mayoría de las bancadas, incluyendo a los verdes y quedando a la espera de saber hacía dónde se va el Pacto Histórico.
El exsenador Carlos Motoa sostiene que la coalición comienza con un gran lunar, los presidentes en el Senado y la Cámara en vez de ser una expresión propia del presidente electo, son cercanos o identificados con el presidente de la República saliente.
Si bien la elección del presidente del Senado es propia de la dinámica de como funciona el Congreso y de ahí que haya dignatarios elegidos con votos de todos los partidos, lo que si es cierto es que el tono con el cual se ha llevado la discusión de quién será el presidente deja seriamente golpeada la salud de la coalición y que en algún momento el trámite de proyectos no le será tan fácil de lograrlos a De La Espriella, y sus ministros, en particular al del Interior, Rodrigo Lara, quien en las primeras de arranque no ha tenido la mejor relación con todas las bancas, tanto las de gobierno y las de oposición.
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