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Colombia
Blanca Pardo, la campesina de 72 años cuya muerte sigue esperando respuestas en Nariño
La mujer fue hallada con múltiples lesiones e hipotermia. Murió después de ser trasladada a un centro hospitalario en Pasto.
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Colprensa
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Viernes, 9 de Octubre de 2026

“Terminaré de recoger tres nidos de huevos para enviártelos en la chiva”. Ese fue uno de los últimos planes que Blanca Emery Pardo Rosero le contó a su hija Jenny durante una llamada telefónica.

Como tantas otras veces, la conversación giró alrededor de las labores del campo y de los pequeños detalles con los que la mujer, de 72 años, mantenía el contacto con sus hijos.

Ninguna de las dos imaginaba que aquella charla cotidiana terminaría convertida en el último recuerdo de una rutina que estaba a punto de romperse.

Blanca vivía en la vereda Plazuelas, en zona rural de San Bernardo, Nariño, donde había pasado gran parte de su vida. Madre de seis hijos, era una mujer campesina acostumbrada a trabajar la tierra, recoger leña, recolectar huevos y elaborar quesos para vender.

Incluso después de sufrir varias caídas que afectaron uno de sus brazos, procuraba mantenerse activa y continuar con las labores que habían sostenido a su familia durante años.

El 29 de agosto, sin embargo, algo ocurrió mientras se encontraba en uno de los terrenos cercanos a su vivienda. Horas después, sus familiares la encontraron en condiciones críticas. Tenía múltiples lesiones, estaba desorientada y había permanecido expuesta al frío durante varias horas.

Según el relato de sus allegados, los médicos que la atendieron les informaron que había sido víctima de una agresión sexual. Blanca fue trasladada primero al centro asistencial de San Bernardo y después remitida al Hospital San Pedro, en Pasto.


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Pese a los esfuerzos del personal médico, su estado se deterioró y murió el domingo 30 de agosto, a las 8:30 de la noche. Desde entonces, sus seis hijos intentan reconstruir lo sucedido y establecer quién fue el responsable de la violencia que antecedió a su muerte.

El caso ha despertado conmoción en todo el país. Desde Bogotá, incluso, la concejal Quena Ribadeneira, a través de su cuenta en X, dijo que Blanca Pardo, de 72 años, no solo fue agredida sexualmente sino que “la asesinaron”.

“Casi un mes después, su familia sigue esperando respuestas: no hay avances claros en la investigación ni responsables identificados. Exigimos verdad y justicia para Doña Blanca, para su familia y para todas las mujeres que han sido asesinadas por el hecho de ser mujeres”, afirmó Ribadeneira, quien hace parte del Pacto Histórico.

La incertidumbre persiste: hasta las últimas declaraciones conocidas de la familia, no había un sospechoso identificado ni una explicación concluyente sobre lo que pasó en aquel potrero.

Entre enero y julio de 2026, Medicina Legal realizó 92 exámenes médico-legales por presunto abuso sexual a adultos mayores en Colombia.

Esta cifra representa un incremento del 31,43% en comparación con los 70 exámenes practicados en el mismo periodo de 2025.

Dentro del panorama general de lesiones no fatales atendidas en la tercera edad —que ascendió a 7.467 casos—, las valoraciones por violencia sexual constituyeron el 1,23% del total.

El análisis por sexo evidencia una severa desproporción que afecta de manera predominante a las mujeres, quienes sumaron 81 valoraciones (88,04% del total) entre enero y julio de 2026, frente a las 66 registradas el año anterior.

Por su parte, los hombres representaron el 11,96% restante con 11 exámenes, reflejando un aumento respecto a los 4 casos reportados en el mismo lapso de 2025.

En relación con el ciclo vital y la edad de las víctimas, las agresiones se concentran de forma mayoritaria en la etapa de anciano joven (60 a 74 años), la cual acumuló 72 dictámenes, equivalentes al 78,26% de los casos a nivel nacional.

El desglose por quinquenios sitúa la mayor frecuencia en el rango de 65 a 69 años con 30 exámenes, seguido por el grupo de 60 a 64 años con 27 casos y el de 70 a 74 años con 15 valoraciones.

Asimismo, según Medicina Legal, en la etapa de anciano (75 a 89 años) se practicaron 19 evaluaciones (6 en personas de 75 a 79 años y 13 en el rango de 80 a 89 años), mientras que en la franja de anciano longevo (90 años y más) se registró 1 caso.


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En la distribución territorial, Bogotá y Antioquia encabezan el registro por departamentos con 13 casos cada uno, seguidos por Cundinamarca con 10 exámenes, Santander con 7, Tolima con 6, y Atlántico, Huila y Valle del Cauca con 5 casos cada uno.

Por su parte, las ciudades capitales agruparon 38 exámenes médico-legales, correspondientes al 41,30% del total nacional, destacando Bogotá con 13 hechos, Barranquilla con 4, y Cartagena de Indias y Medellín con 3 casos cada una.

Las llamadas que nadie contestó

La preocupación de Jenny comenzó cuando su madre dejó de comunicarse con ella, una costumbre que hacía parte de la vida familiar.

En la última conversación que recuerda, Blanca le había contado que estaba recogiendo huevos criollos para enviárselos a sus hijos.

También intercambiaron palabras de afecto y se despidieron como acostumbraban hacerlo. El silencio posterior no despertó una alarma inmediata. El jueves no hablaron, algo que, según Jenny, podía suceder.

Sin embargo, el viernes se enteró de que su hijo había recibido un intento de llamada de su abuela. La noticia la llevó a pensar que debía comunicarse con ella al día siguiente.

El sábado, a las 8:40 de la mañana, marcó su número. El teléfono sonó, pero nadie respondió. Volvió a intentarlo cerca de las 10, después alrededor de las 11:30 y nuevamente a las 12:40. La escena se repetía: el celular daba tono, pero Blanca no contestaba.

“El celular sonó. Sonó. Y nada”, recordó Jenny durante una entrevista con el podcast Vamos pa’ eso, en la que reconstruyó las horas de incertidumbre que precedieron al hallazgo.

Mientras su hija trataba de localizarla desde la distancia, Marisol, otra de las hijas de Blanca, también estaba fuera de la vivienda.

La mujer, que trabaja como enfermera y vivía con su madre, había salido temprano para atender a un paciente en otro municipio. Cuando regresó, aproximadamente a las cinco de la tarde, encontró la casa sin Blanca.

La ausencia de la adulta mayor encendió las alarmas. Marisol contactó a sus familiares y comenzó a preguntar por ella entre vecinos y conocidos.

Una de las pistas llegó de un hombre que aseguró haberla visto esa mañana cuando se dirigía hacia el potrero de la familia, llevando un poncho y un machete.


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Según el relato de Jenny, el vecino situó ese avistamiento entre las ocho y las ocho y media de la mañana. La información llevó a los familiares a buscarla en el terreno, ubicado a unos diez minutos a pie de la casa. Lo que encontraron allí cambió para siempre la vida de los seis hermanos.

El hallazgo en el potrero Blanca estaba viva cuando sus familiares llegaron hasta ella, pero su estado era alarmante. De acuerdo con las versiones entregadas por sus hijas, se encontraba desnuda, desorientada y con numerosas lesiones.

Tampoco podía explicar de manera coherente qué había ocurrido. Marisol pidió ayuda y, con el apoyo de vecinos, logró sacarla del lugar para trasladarla al centro asistencial del municipio.

Jenny recordó que, cuando intentaban preguntarle a su madre quién la había atacado o qué le había sucedido, la mujer repetía frases sin lograr sostener una conversación comprensible. Una de las expresiones que más impactó a su familia fue “no quiero” o “déjenme en paz”.

Para sus hijos, que buscaban una explicación mientras intentaban auxiliarla, la imposibilidad de obtener respuestas se convirtió en una de las escenas más dolorosas de aquel día.

El reporte de la Policía de Nariño señaló que la mujer fue encontrada desorientada y con, al parecer, signos de abuso sexual. En ese momento, las autoridades no tenían identificada a la persona que habría cometido la agresión. Las circunstancias del caso quedaron bajo investigación.

La familia, por su parte, relató que Blanca presentaba golpes en la cabeza, la espalda y las piernas, además de arañazos y otras heridas.

Jenny señaló que algunas lesiones en la espalda parecían compatibles con un posible arrastre por la vegetación del terreno, aunque esa apreciación corresponde a su testimonio y no establece por sí sola cómo ocurrieron los hechos.

A las lesiones se sumó la exposición prolongada al frío. Según sus allegados, Blanca presentaba hipotermia y estaba en estado de shock después de haber permanecido durante varias horas a la intemperie.

La gravedad de su condición obligó a remitirla a Pasto, a unas tres horas de distancia. En el trayecto, sus familiares intentaron tranquilizarla y preguntarle qué había pasado, pero ella seguía sin poder comunicarse con claridad. “Mi mamá solo divaga y divaga. Y no puedes entenderla”, recordó Jenny al describir el estado en que la encontraron.

Una carrera contra el deterioro de su salud

En el primer centro asistencial, el personal médico atendió a Blanca y, según el relato de sus familiares, les informó de la presunta agresión sexual. Debido a la gravedad de las lesiones, fue trasladada al Hospital San Pedro, en Pasto, donde recibió atención de mayor complejidad.

Jenny aseguró que, cuando finalmente pudo estar junto a su madre, la encontró intubada y con múltiples señales de violencia. La familia esperaba que lograra estabilizarse y recuperara la capacidad de hablar para contar qué había sucedido en el potrero. Esa posibilidad, sin embargo, se fue desvaneciendo con el paso de las horas.

Los médicos advirtieron a sus allegados que el estado de Blanca era crítico y que debían prepararse para un desenlace adverso. Su condición continuó empeorando hasta que murió el domingo 30 de agosto, a las 8:30 de la noche.

“Los médicos nos decían que teníamos que estar preparados porque, entre más avanzaba el tiempo, mi mamá se iba deteriorando más”, contó Jenny.

La inspección técnica al cadáver quedó a cargo del CTI de la Fiscalía en Pasto. De acuerdo con el reporte policial conocido sobre el caso, los hechos quedaron bajo investigación para esclarecer las circunstancias de la agresión y determinar quién o quiénes serían los responsables.

“Preguntaba en Fiscalía cómo iba el caso, solo me decían que estaba en investigación, me decían que podría demorarse, que era un caso muy reciente. Entonces pensaba que nosotros vivimos en una vereda muy pequeña, muy pequeña; las investigaciones tienen que avanzar rápido porque no es una ciudad, es una vereda donde viven poquitas personas, hay pocas casas, entonces creía que era más fácil identificar al atacante. Pero me tocó recurrir a los medios públicos para poder alzar la voz por mi mamá”, dijo en conversación con 6AM W de Caracol Radio.


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La familia no obtuvo de Blanca una explicación que permitiera identificar al atacante. Tampoco, según Jenny, las pesquisas les habían permitido conocer la identidad de un sospechoso cuando hicieron públicas sus exigencias de justicia.

“Mi madre, desafortunadamente, no tuvo tiempo de decir nada. Así que nos quedamos con lo desconocido”, expresó la mujer al recordar que sus hermanos incluso revisaron un video grabado después del hallazgo, en el que intentaban preguntarle a su madre qué había sucedido.

“Mi mamá no murió. A mi mamá la mataron”, dijo Pardo. Los homicidios de mujeres mayores aumentaron casi un 26 % en Colombia

El caso de Blanca Pardo, que para su familia y allegados se trataría de un homicidio, se conoce en medio de un panorama preocupante de violencia contra los adultos mayores en el país.

397 homicidios de adultos mayores entre enero y julio de 2026

El boletín estadístico de julio de 2026 de Medicina Legal contabilizó 397 homicidios de personas de 60 años o más entre enero y julio, frente a los 409 registrados durante el mismo periodo de 2025.

Aunque el balance general representa una disminución del 2,93 %, la evolución de las cifras por sexo muestra una tendencia distinta para las mujeres.

En los primeros siete meses de 2026 fueron registradas 68 mujeres adultas mayores víctimas de homicidio, frente a 54 durante el mismo periodo del año anterior. El incremento es del 25,93 %.

En contraste, los casos correspondientes a hombres pasaron de 355 a 329, una reducción de 26 víctimas.

Los hombres representan el 82,87 % de los homicidios registrados en esta población, pero el aumento de las muertes de mujeres constituye una señal de alerta.

Estos datos son preliminares y corresponden a los registros forenses de Medicina Legal a corte de julio pasado, el balance más reciente publicado en la página web.

La concentración de los casos también resulta significativa cuando se observa la edad de las víctimas.

El grupo de 60 a 74 años, que Medicina Legal clasifica como “anciano joven”, acumuló 343 homicidios, equivalentes al 86,4 % del total nacional.

Por quinquenios, el rango de 60 a 64 años registró 168 víctimas; el de 65 a 69 años, 107; y el de 70 a 74 años, 68. Entre las personas de 75 a 79 años se contabilizaron 35 casos, mientras que en el grupo de 80 años o más se reportaron 19.

Blanca tenía 72 años y se encontraba precisamente en el grupo etario que concentra la mayor cantidad de estos registros.

Su caso, además, pone el foco en las violencias que pueden afectar a las mujeres mayores en entornos rurales, donde las condiciones de aislamiento pueden dificultar la búsqueda inmediata de ayuda y la reconstrucción de los hechos.

La dimensión territorial de los homicidios también muestra diferencias. El Valle del Cauca encabezó los registros departamentales, con 66 casos, seguido de Antioquia, con 46; Cauca, con 32; Atlántico, con 23, y Bogotá, con 20.

Nariño registró nueve homicidios de adultos mayores entre enero y julio. Estas cifras corresponden al departamento donde se registró el hecho y no permiten, por sí solas, establecer las circunstancias particulares de cada caso.

Al observar las ciudades capitales, se contabilizaron 122 homicidios contra personas mayores. Cali encabezó la lista, con 28 víctimas; le siguieron Bogotá, con 20; Barranquilla, con 18; Medellín y Pereira, cada una con siete.

Esto significa que el 69,27 % de los casos registrados ocurrió fuera de las capitales, en otros municipios y territorios del país, incluidas zonas rurales.

En el panorama general de las muertes violentas de adultos mayores, Medicina Legal contabilizó 3.172 fallecimientos durante los primeros siete meses de 2026. De ese total, 1.263 correspondieron a muertes accidentales y 1.221 a eventos de transporte.

Los homicidios representaron el 12,52 %, con 397 casos, mientras que los suicidios sumaron 291. Aunque las muertes por homicidio disminuyeron frente al mismo periodo de 2025, el conjunto de muertes violentas aumentó un 10,37 %, al pasar de 2.874 a 3.172.

La muerte de Blanca dejó preguntas sin respuesta en una comunidad donde buena parte de sus habitantes la conocían desde hacía décadas.

En Plazuelas había levantado a sus seis hijos y había encontrado en las labores del campo la manera de sostenerlos. Preparaba quesos para vender, recogía leña y huevos y procuraba seguir con sus actividades cotidianas pese a las dificultades físicas que había sufrido en los últimos meses.

Sus familiares recuerdan también los gestos sencillos que formaban parte de su vida. Marisol, por ejemplo, acostumbraba llegar a casa después de trabajar y encontrar a su madre dispuesta a recibirla con una arepa o un chocolate. Eran pequeñas rutinas que, después de su muerte, adquirieron un significado distinto. Tras el crimen, la comunidad le dio el último adiós en medio de la consternación.

Tomado de El Colombiano.


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