La cancha de fútbol de tierra del barrio Torcoroma 3, conocida por los habitantes como ‘Bigotes’, se convirtió en una fuente permanente de polvo que, según los residentes, está afectando la vida cotidiana de cientos de familias del sector.
Cada vez que los fuertes vientos azotan esta zona del oriente de Cúcuta, las partículas de tierra levantadas desde el escenario deportivo terminan en las viviendas, establecimientos comerciales y calles de sectores como Alto Pamplonita, Bajo Pamplonita, la Urbanización Torcoroma y San José de Torcoroma.
El problema, aseguran los vecinos, se ha intensificado durante los últimos dos años y prácticamente se mantiene durante buena parte del año. El polvo obliga a mantener puertas y ventanas cerradas, deteriora muebles y equipos electrodomésticos y dificulta las labores de limpieza dentro de las casas.
“La tierra es imposible; tiene uno que vivir preso en su propia casa. Mantiene uno encerrado, pues la arena entra día y noche”, relató Yeison Picón, residente de Torcoroma 3.
El habitante aseguró que su familia también ha enfrentado problemas de salud asociados, según su percepción, con la exposición permanente al polvo. “Tengo un niño de seis años con problemas respiratorios; desde el primer día de nacido, ese niño ha respirado polvo, y eso lo tiene enfermo. Es un problema de salubridad absoluta”, afirmó.
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Polvo también en los negocios
Los efectos de la cancha no se quedan dentro de las viviendas. Comerciantes y residentes señalan que la tierra también alcanza los establecimientos ubicados alrededor del escenario deportivo.
La situación genera especial preocupación entre quienes venden alimentos. Durante las noches, uno de los costados de la cancha es utilizado como zona de restaurantes a cielo abierto, mientras el viento continúa levantando partículas.
“Los fuertes vientos nos tienen enfermos. A la señora que vende carne ya no le compro; hace unos días le compré y me tocó lavarla porque estaba llena de tierra”, contó Luisa Beltrán, quien vive en una de las cuadras frente a la cancha.
Según la residente, el polvo también termina sobre los productos y superficies de los establecimientos comerciales. “Usted entra al supermercado y es lo mismo: todo lleno de arena. Es una lucha constante por mantener lo mínimo de higiene”, agregó.
Los vecinos sostienen que el problema también representa un riesgo para las personas que permanecen durante varias horas en los alrededores del escenario deportivo, especialmente niños y adultos mayores.