El siglo XXI prometió que las máquinas harían las tareas operativas y nos dejarían más tiempo libre. La realidad en los entornos laborales es distinta. Hoy los expertos en salud hablan de “AI Anxiety”, ansiedad por la inteligencia artificial.
“AI Anxiety” es el miedo a quedar obsoleto, la incertidumbre ante cambios rápidos y la presión constante por dominar nuevas herramientas. Paradójicamente, esas mismas innovaciones hacen que el ritmo de trabajo sea más rápido y que sea difícil desconectar.
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Para ver el impacto de esta sobrecarga hay que mirar la salud mental en el trabajo. En Colombia la situación exige atención inmediata. Según las mediciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y los informes recientes del Ministerio del Trabajo y de Fasecolda, el estrés ocupacional y el síndrome de burnout (agotamiento) son unas de las principales causas de enfermedad y ausentismo en el país.
Los datos oficiales y los observatorios laborales indican que un número cada vez mayor de la fuerza laboral colombiana reporta fatiga crónica, jornadas extensas, hiperconectividad y la exigencia de adaptarse a ritmos de producción más acelerados.
Ahora bien, en ningún otro escenario este choque entre la responsabilidad humana y la disrupción algorítmica es tan evidente como en el sector educativo. Las aulas de clase hoy enfrentan una digitalización que no da tregua, y Norte de Santander no es la excepción.
El aula: más allá de la tiza y el tablero
Ante esta situación, la academia decidió investigar la región. Un estudio reciente del programa de Psicología, junto al programa de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Simón Bolívar y la Secretaría de Educación Departamental, se enfocó en la salud mental de los profesores del Norte de Santander. El estudio busca entender cómo el compromiso organizacional y las estrategias de afrontamiento influyen en los niveles de estrés laboral de los profesores, y cómo inciden los factores sociodemográficos en esa relación.
Esta investigación es importante porque las nuevas tecnologías, los cambios en los procesos educativos y las mayores exigencias laborales están transformando la vida cotidiana de los profesores que forman a las futuras generaciones.
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Pero para entender el estrés docente en la era de los algoritmos, primero hay que ver cómo ha evolucionado la figura del profesor. Según el director del programa de Psicología e investigador principal del proyecto, Eduardo Andrés Torres Santos, el profesor actual enfrenta responsabilidades que van mucho más allá de la enseñanza.
“Hoy los profesores están expuestos a múltiples condiciones laborales que pueden generar estrés. Estas no se limitan a la función tradicional de impartir clases, desarrollar contenidos y evaluar procesos de aprendizaje; también incluyen una amplia gama de responsabilidades administrativas, tecnológicas y socioemocionales que han transformado significativamente el ejercicio de la profesión”.

Torres Santos señala entre otros, retos asociados a la inclusión educativa y atender las necesidades emocionales de los estudiantes, así como sus dinámicas familiares.
La inteligencia artificial: ¿Un asistente brillante o un fiscalizador agotador?
En este ecosistema de muchas tareas, llega la inteligencia artificial y se muestra como una herramienta de doble filo. Aparecen plataformas que pueden resumir textos, crear cuestionarios o montar presentaciones en segundos y eso parece un alivio rápido. Pero la necesidad de adaptarse genera la ya mencionada ansiedad por la IA.
Sobre este choque tecnológico, Torres Santos dijo que “la inteligencia artificial puede ser un apoyo o una fuente extra de estrés para los profesores. Todo depende de cómo se use, del nivel de competencias digitales que tengan y de las estrategias pedagógicas que se apliquen para guiar a los estudiantes a usar estas herramientas de forma responsable, ética y eficaz”.
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El principal desafío es verificar el aprendizaje. La IA hace más rápida la labor docente, pero también permite que los alumnos automaticen su rendimiento. Por eso el maestro tiene que actuar como auditor de la autenticidad académica.
El investigador explicó que “en muchos casos vemos trabajos hechos casi por completo con ayuda de la inteligencia artificial. Eso representa un reto importante para los profesores, que deben aprender a usar herramientas que identifiquen y analicen ese tipo de contenidos. Más que vigilar la tecnología, el reto es orientar su uso de forma crítica, ética y pedagógica”. Este proceso de fiscalización requiere una capacitación constante, mientras el tiempo que los educadores tienen es muy limitado, y eso genera una tensión constante en su día a día.
El mapa del estrés en Norte de Santander: los directivos llevan la carga
Para pasar de la percepción a la evidencia, la investigación usó una metodología sólida. Se trabajó en 39 municipios del departamento y participaron 429 docentes y directivos vinculados a la Secretaría de Educación. Se realizaron grupos focales y se aplicaron instrumentos de medición cuantitativa validados científicamente. El estudio mostró resultados que rompen varios estigmas sobre la salud mental en las instituciones.
En general, los datos indican que la percepción de estrés laboral entre los pros del Norte de Santander no es muy alta. Pero al analizar cada cargo, la balanza se inclina hacia los directivos de las instituciones educativas.
Al comparar a los directivos docentes con los docentes, los directivos perciben niveles mayores de estrés laboral, sobre todo en dos dimensiones: la responsabilidad del cargo y la sobrecarga por las demandas de la gestión directiva; responder a la comunidad y a los entes gubernamentales crean un escenario de alta presión para rectores y coordinadores, explicó Torres Santos.
El apoyo social: un salvavidas frente a la adversidad
Frente a esta radiografía del estrés laboral, surge una pregunta clave: ¿Qué hacen los profesionales de la educación cuando sienten que las demandas de su trabajo los superan?
Los resultados de la investigación muestran una noticia alentadora. Más allá de los factores que generan tensión, los profesores de Norte de Santander recurren con frecuencia a estrategias de afrontamiento orientadas a buscar soluciones y a buscar apoyo en su entorno, mecanismos que se relacionan con menores niveles de estrés percibido.
En este sentido, el director del programa destacó que “las estrategias de afrontamiento centradas en la evitación, especialmente aquellas que buscan eludir o posponer los problemas, son las menos utilizadas por los profesores. Esto es positivo, porque encontramos que este tipo de respuestas suele estar relacionado con mayores niveles de estrés laboral”.
Buscar apoyo en los compañeros y enfrentar las demandas del trabajo muestra que, a pesar de los retos de la tecnología, la carga administrativa y las exigencias emocionales, el recurso más valioso sigue siendo la gente dentro de la escuela. En la solidaridad y el trabajo colaborativo los profesores encuentran una herramienta eficaz para cuidar su bienestar psicológico.
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