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Fábrica de Risas: una cita semanal con el humor cucuteño
De un encuentro improvisado entre amigos nació un proyecto que demuestra que la comedia también puede sanar.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Miércoles, 5 de Agosto de 2026

Lo que para muchos es simplemente una noche de comedia, para los integrantes de Fábrica de Risas representa un espacio donde las personas encuentran un respiro frente a las dificultades de la vida diaria.

Entre chistes, anécdotas e improvisaciones, este colectivo de stand up comedy logró consolidarse como uno de los principales impulsores del humor en Cúcuta y Norte de Santander.

Su historia comenzó casi por casualidad. La visita del comediante internacional Freddy Assaf a la ciudad despertó el interés por fortalecer la escena local del stand up. Fue entonces cuando Luis Lobo reunió a varios amigos para presentar un pequeño espectáculo. Lo que parecía un encuentro sin mayores pretensiones terminó convirtiéndose en un proyecto artístico que hoy cuenta con identidad propia y un público fiel.

Actualmente, el colectivo está conformado por Eduardo Mantilla, conocido como Me Dicen Wardo; Luis Lobo (Lobo); Samir Serrano (El Vikingo Criollo); Saúl Castilla (Loco Castilla); Gerson Rubio (Más Rubio que Negro); Alber Zapata (El Cheff) y Camilo Barragán (Deep). Cada uno imprime un estilo diferente sobre el escenario, ofreciendo desde humor cotidiano y familiar hasta improvisación, humor negro e incluso magia.


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Pero más allá de las rutinas, los integrantes coinciden en que el verdadero valor del proyecto está en la conexión que construyen con el público.

“Justo en el momento en que las personas nos decían al terminar un show: ‘Gracias, tuve un mal día y ustedes fueron una curita para el corazón’, entendimos que esto era mucho más que hacer reír”, contó Eduardo Mantilla, Me Dicen Wardo.

El comediante aseguró que una de las experiencias que más lo marcó fue la conversación con un joven que, después de verlo bromear sobre uno de sus complejos físicos, le confesó que durante años había sufrido por esa misma inseguridad.

“Me dijo que esa noche se iba con una visión completamente distinta. Ahí comprendí que la comedia también puede ser una forma de terapia, tanto para nosotros como para quienes nos acompañan”, afirmó.

Mantener viva esa conexión exige un trabajo constante. Cada semana el grupo escribe nuevo material para evitar repetir rutinas y sorprender a quienes ya convirtieron sus funciones en un plan habitual.


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“Todo ha sido un reto. Desde competir con otras actividades de la ciudad hasta el clima, que muchas veces influye en la asistencia. Pero el mayor desafío es escribir chistes nuevos todas las semanas. Es un trabajo exigente, aunque muy gratificante”, explicó Samir Serrano.

Parte del éxito del colectivo radica en que ningún espectáculo es igual al anterior. La improvisación y la interacción con el público hacen que cada función tenga un sello propio.

“Nuestro secreto es disfrutar lo que hacemos. Contamos historias de nuestra cotidianidad, hablamos desde nuestras experiencias y respetamos al público. Eso hace que la gente se identifique y quiera volver. Hay personas que ya agendan nuestros shows como un compromiso fijo”, comentó Luis Lobo.

Uno de los formatos más exitosos es Fábrica de Chismes, donde los asistentes escriben de manera anónima experiencias, secretos o situaciones personales que luego sirven como punto de partida para construir momentos de humor.


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Otro de los favoritos es Shot o Chile, una dinámica de improvisación en la que el público propone los temas y los comediantes deben crear una rutina en pocos minutos. Al finalizar, los asistentes votan si la presentación fue un éxito o si el participante deberá cumplir una divertida penitencia.

Además de ofrecer entretenimiento, el colectivo también busca fortalecer la escena local. Por eso realiza jornadas de Open Mic, espacios abiertos donde cualquier persona puede presentarse, ya sea con comedia, poesía o música.

“Quienes quieren hacer stand up por primera vez reciben orientación y los invitamos a los talleres que realizamos todos los martes en el parque La Canasta. La idea es que tengan un lugar donde aprender y desarrollar su talento”, explicó Saúl Castilla.

El respaldo del público es determinante para el crecimiento del proyecto.

“Ellos son nuestra columna. Sin público no hay risas, no hay shows ni comedia. Son quienes nos ayudan a medir si una rutina funciona, quienes recomiendan el proyecto y hacen que cada vez llegue más gente”, aseguró Alber Zapata.


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A lo largo de su trayectoria, Fábrica de Risas ha compartido escenario con reconocidos exponentes de la comedia como Jairo Talero, Ibrahim Salem, Emir Quintero “El Soachuno”, Chimuelo, Rebeca Inos, Cristian Abril y Barbarita, fortaleciendo su experiencia y posicionando a Cúcuta dentro del circuito nacional del stand up.

Actualmente, el colectivo realiza funciones todos los fines de semana en un bar del barrio Los Caobos, además de llevar espectáculos a empresas, fiestas familiares, cumpleaños, bazares y toda clase de celebraciones. Como bromean sus integrantes, incluso hacen presentaciones en divorcios, “porque si una pareja decidió separarse, por lo menos que se vayan riendo”.

El proyecto continúa creciendo y ya prepara nuevas funciones, espectáculos individuales de sus integrantes y la llegada de invitados nacionales. Entre ellos se encuentra el comediante Molipollo, quien visitará la ciudad el próximo 14 de noviembre como parte de su gira.

Sin embargo, el mayor objetivo sigue siendo el mismo que inspiró aquella primera reunión entre amigos: consolidar una escena sólida para que Cúcuta sea reconocida como una plaza importante del stand up comedy en Colombia y abrirles las puertas a nuevos talentos que encuentren en el humor una forma de expresarse.

Porque, para Fábrica de Risas, las carcajadas no solo entretienen. También unen, alivian y, en muchas ocasiones, ayudan a sanar.


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