Fotos y videos portando armas de fuego y consumiendo estupefacientes abundaron en las publicaciones de luto hechas por los amigos de Juan Miguel Fernández Mendoza, mientras que, del lado de su familia, se palpaba el sentimiento de que algo más podrían haber hecho por él.
Ayer se vivió su última despedida. Su cuerpo, dentro de un ataúd amarillo, llegó a la casa de su abuela, en el barrio La Sabana, de Los Patios, donde fue velado días después del abrupto final de su vida, a los 22 años.
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Su muerte, súbita y violenta, fue descrita como uno de los golpes más fuertes vividos por una de sus familiares, quien se encargó de su crianza durante sus primeros años.
La vida de Juan Miguel, o Mono, como era conocido por su familia debido al color claro de su cabello, se fracturó cuando llegó a los 14 años.
“Un niño que fue mi hijo hasta sus 14 años, al que cuidé, protegí, corregí y siempre quise ver por un buen camino. La vida nos llevó por caminos diferentes. Tú escogiste uno difícil y, aunque muchas veces intenté orientarte, hoy inevitablemente me pregunto qué más pude haber hecho. Me arrepiento de no haber sido aún más estricta contigo, de no haber podido evitar que tomaras decisiones que te alejaran de la vida que soñaba para ti”, publicó la mujer en Facebook.
Ciertamente, esos últimos ocho años lo convirtieron en un hombre de múltiples nombres. Él mismo estilizaría su nombre como JF; su pareja sentimental lo llamaba ‘Ojitos Lindos’, mientras que algunas amistades se referían a él como ‘Orejón’.
Fue a través de estos amigos que se conoció el rumbo que habría tomado su vida. Fotos con armas de fuego, entre ellas pistolas, revólveres e incluso subfusiles, así como imágenes consumiendo sustancias como marihuana y tusi.
Esta es una de las hipótesis iniciales que manejan las autoridades sobre el violento asesinato, que estaría relacionado con estas presuntas actividades ilícitas, que habrían terminado llevándolo a la muerte dentro de su propia casa, en una de las zonas más herméticas de Los Patios.
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